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Diseñador, escritor, autodidacta,
pasional y creativo, Istvan es el candidato argentino al Premio
Andersen 2002 en categoría ilustrador.
Su recorrido dentro y fuera del país está marcado por prestigiosos
premios. En el reportaje cuenta cómo es ser escritor e ilustrador
y cómo son las vertientes de la creación desde los dos lugares.
Recuerdos, técnicas, lecturas, imágenes: un collage de color
que definen un estilo.
Por Sandra Comino
-¿Qué significa ser candidato a
un Premio tan prestiogioso como es el Hans Cristian Andersen?
-Bueno, acá yo podría decir algo así como que un enorme honor
y todo eso, que en verdad lo es; pero siento más que es un
orgullo, un orgullo de mí mismo, por haber trabajado tanto
y que me reconozcan. Yo trabajé muchos años por lograr reconocimiento.
-¿Qué es ser ilustrador?
-Básicamente, desde lo afectivo, mi forma de vivir, de sobrevivir,
de subsistir, de sobrellevar cualquier momento de mi vida,
por más jorobado que se presente, y una gran felicidad. Desde
lo profesional no es simplemente "ilustrar" un texto, sino
crear un nuevo discurso dentro del libro que vaya paralelo
a la escritura. Muchas veces hago disgresiones dentro de las
ilustraciones -respecto del texto- de este modo invento historias
que se leen sólo en mis imágenes o reinterpreto lo que el
cuento dice poniendo en las imágenes una lectura muy personal
(a veces distinta a la que el escritor hizo de su relato).
Te cito un ejemplo: Los pájaros de Joaquín, de María
Rosa Mó sugería un niño que dibujaba pájaros, melancólica
y tranquilamente. Yo lo reinterpreté y construí un personaje
hiperquinético, entusiasta, que dibuja y dibuja y no para
de dibujar pájaros. El texto dice que dibuja pájaros, pero
no dice nada respecto del carácter del protagonista. Yo elegí
una faceta inesperada de ese carácter, para sorprender a María
Rosa y a los lectores. También usé la existencia de un elemento
mágico que tenía el cuento (un pájaro sale de la hoja y vuela),
para reintepretar esa magia: hice que el pájaro saliera no
sólo de esa hoja, sino del remolinear de TODAS las hojas al
entrar el viento por una ventana.
-¿Esto quiere decir que el ilustrador tiene un papel decisivo
en la construcción de un libro?
-El papel de ilustrador no es para nada pasivo. Mi nivel de
compromiso como ilustrador es muy grande. Me gusta decir cosas
a través del dibujo. Opinar. Reflexionar. Ofrecer más lecturas.
-¿El ilustrador es también autor?
-Definitivamente. Por todo esto que acabo de decirte. Yo soy
autor de mis ilustraciones, así como el escritor es autor
de sus textos. Hay una malinterpretación de la definición
de la palabra "autor" como sinónimo de "escritor" y la hemos
venido arrastrando por tradición. Aquí en Argentina los ilustradores,
desde el Foro de Ilustradores, que hemos constituido
desde mil novecicientos noventa ¿y ocho? (soy fundador y miembro
activo pero se me desdibuja la fecha exacta ¡venimos luchando
desde mucho antes de que el Foro se llame Foro oficialmente),
bregamos mucho por darle a la palabra "autor" su verdadero
significado. Además, hay montón de ilustradores que, como
yo, somos autores integrales ya que no sólo ilustramos sino
que también escribimos y diseñamos nuestros libros.
-Tengo entendido que primero comenzaste a ilustrar, después
a escribir ¿podrías decirme qué fue lo que desencadenó que
te instalaras artísticamente en el campo de la Literatura
Infantil?
-Yo empecé haciendo historietas y humor gráfico. Publiqué
mi primer trabajo en la revista "Hortensia", de Córdoba y
consistía en un chiste hecho sobre un dibujo con mucho detalle.
Después participé de unos salones de historieta y humor que
se hicieron en Santa Fe y se transformaron en históricos con
el tiempo. Allí hacía trabajos con fibras, en color y en blanco
y negro, con rotring y tenían una particularidad desde lo
temático: no eran historias de ciencia ficción o de superhéroes
(como la mayoría), eran trabajos muy poéticos, tiernos, con
personajes muy coloridos que vivían historias sin violencia
(en esto tuvo que ver que en mi casa de infancia nunca hubo
televisión pero sí muchos libros). Alguien dijo que eran dibujos
ideales para libros infantiles.
-¿Cuántos años tenías en esa época?
-Tenía 16 ó 17 y estaba terminando el secundario. Pensaba
instalarme en Buenos Aires y viajaba mucho a esta ciudad buscando
lugares en dónde publicar. En aquellos salones había conocido
a grandes figuras del campo del humor, como Quino y Fontanarrosa,
que me habían aconsejado visitar a algunos editores. El Negro
Fontanarrosa me vinculó con Laura Devetach "que estaba dirigiendo
una colección de libros para chicos en una editorial".
Ese dato sumado a aquella apreciación sobre mis dibujos (y
a mi intromisión en todos lados que para ser sincero siempre
fui bastante desfachatado) concretaron mi encuentro con Laura
y con Gustavo Roldán y publiqué en una colección de Colihue
que se llama Pajarito Remendado. Devetach y Roldán me conectaron
con otras personas del mundo de los libros para chicos, como
Graciela Montes, que dirigía Libros del Quirquincho en su
mejor momento y que siguieron dándome oportunidades.
-¿Podés recordarme cuál fue ese libro del Pajarito Remendado?
-"La mesa, el burro y el bastón", versión del cuento de los
Grimm hecha por Laura Roldán.
Tras hacer aquel Pajarito Remendado (que fue el primer libro
que iba a publicar pero debido a su retraso salió primero
uno en serie negra del Quirquincho) me entusiasmé con los
libros para chicos. Los libros como objetos para biblioteca
(no como las revistas que son más "desechables" para el gran
público), eran exclusivos para mí (quiero decir, uno ilustraba
todo el libro, mientras que en las revistas uno convive con
sinnúmero de otros autores) y eran... eran... eran preciosos.
-¿Cómo se origina un cuento con la imagen o con la palabra?
-A veces el libro empieza por un dibujo, como Leyenda ugandesa,
donde hice el dibujo del hombre metiendo la cabeza en la boca
del león y de allí desenvolví la historia. Sin embargo la
mayoría de las veces es más particular: parto del diseño,
porque lo que desencadena la historia es algún recurso gráfico
que quiero poner en el libro para delatarlo como objeto. Como
en Argentina los presupuestos editoriales son reacios a esta
clase de libros, entonces busco ideas que me permitan hacer
un libro objeto con los mismos recursos con los que se hace
un libro común.
Por ejemplo: en Ideas claras de Julito enamorado, el
origen fue la idea de que algo que un personaje hace en una
página par pueda "recortarlo" otro personaje en la página
par inmediata siguiente... pero sin necesidad de pedir ningún
recorte especial a la imprenta, ni subir presupuestos por
esto. Inventé una historia de un chico que expresa su amor
de manera consistente y los chicos lo toman antes de q ue
levante vuelo, lo recortan y hacen barriletes. Al dar vuelta
esas páginas pares, el lector puede descubrir el efecto porque
los barriletes de la página 20 son secciones del dibujo de
la página 18.
Otro ejemplo es Federica aburrida cuya idea original
era que dos personajes se conozcan por obra y gracia de estar
en páginas enfrentadas.
De resultas de todo esto y terminando de contestar tu pregunta,
creo que el origen de mis libros está en la lucha por lograr
hacer libros objeto en un país donde es difícil hacerlos.
-¿Se corrige el dibujo como la escritura?
-Se corrige muchísimo. Hay ilustradores que tiran y tiran
originales antes de llegar al que les gusta, recuerdo a una
excelente ilustradora brasilera, Ángela Lago, con la que hicimos
un workshop en Bratislava, que hace montones de dibujos originales
para elegir el original que se imprimirá. O Nora Hilb, que
un día me muestra un dibujo divino sobre el que tiene dudas
y al día siguiente me llama por teléfono para decirme que
lo tiró e hizo otro... adoraría poder transformarme en cesto
de papeles en esos momentos para rescatar esas, esas maravillas...
-¿Solés tirar tus dibujos?
-Yo casi no tiro originales terminados. Mi técnica de dibujo,
el recorte de papel, es de alguna manera escultórica: voy
recortando todos los pedacitos del dibujo y los superpongo
sin pegarlos (deseando que no se abra ninguna ventana por
el viento, como a Joaquín...), entonces lo que puedo llegar
a tirar y hacer de nuevo son pedacitos y pedacitos de ese
dibujo (quizás recorte montones de cuadraditos o circulitos
de distintos colores para probar con cual quedarme). Realmente
nunca me gustó tanto tirar dibujos, incluso cuando trabajo
con otras técnicas hago lo imposible por corregir antes que
tirar.
-Escribir e ilustrar tus cuentos ¿te aleja de la problemática,
tan complicada y polémica, como es la disyuntiva que se presenta
entre escritor-ilustrador para estar en igualdad de condiciones
en la producción de libros para niños?
-Sí, evidentemente que ser las dos cosas a un tiempo evita
complicaciones y polémicas, pero más allá de que festejo el
no tener que andar lidiando con estas cosas en el momento
de firmar los contratos, no es que me haya puesto a escribir
para evitarme esto... siempre escribí, (recordá que empecé
haciendo mis guiones de las historietas).
-¿Aceptarías que te ilustrara un cuento escrito por vos,
otro ilustrador?
-¡Me encantaría! Pero estoy seguro que sería el más insoportable
de los escritores metiendo la cuchara en el pobre ilustrador
y al mismo tiempo reconociéndome insoportable, sintiendo culpa
por ello y pidiendo disculpas al mismo tiempo con lo que sería
doblemente insoportable... ¡un bodrio!
También sería insoportable con el editor, porque me pondría
a discutir si tal o cual ilustrador funciona para mi cuento,
o sea... la contradicción en estado puro Pero sí, me encantaría.
-¿Cómo es trabajar con el autor de un texto? ¿Quién tiene
la identidad del personaje?
-Bueno, muchas veces es un placer, muchas otras uno trata
de evitarlo porque sabe que sería lo que te acabo de describir
que haría yo.
Con Los pájaros de Joaquín, por ejemplo, el trabajo
con María Rosa fue un placer, porque yo jugaba a dejarla anonadada
con mis propuestas y a ella le encanta sorprenderse. Siempre
que le llevo una idea me dice "esperá que me siento", y yo
se la cuento y ella dice: "ay, dejáme que me adapte y caiga"...
o cuando trabajé con María Teresa Andruetto en nuestra serie
Fefa es así, fue un placer de ida y vuelta de sugerencias
interesantísimas en donde también entraban las apreciaciones
de Marcela Martínez Parera, la editora que hizo importantes
aportes.
En otros casos es más difícil y el escritor tiene una imagen
muy formada de su personaje y no transige en cambiarla, y
muchas veces esa imagen no es tan rica porque el escritor
no está tan vinculado con la imagen como con la palabra.
Recuerdo un episodio en donde un editor, después de querer
organizar una colección haciendo que se reúnan en la editorial
quien escribía con quien dibujaba, se le armara tal bolonqui
que decidió que en los libros siguientes él pasaba el texto
al dibujante y después mostraba las ilustraciones al escritor
y mediaba; pero sin que los autores se encontraran, no quería
quemarse de nuevo con leche...
Terminando con la segunda parte de la pregunta, creo que la
identidad del personaje, a veces, se contruye en conjunto,
a veces el escritor impone su imagen, a veces el ilustrador
impone la suya.
-¿Crees que la ilustración es otra manera de leer?
-Yo creo que sí, el otro día leía a Roger Chartier que dice
que es riesgoso decirlo, pero uno muchas veces pone datos,
informaciones nuevas en la imagen. Cuando veo a los chicos
(y a los grandes) leer un libro infantil, observo que descubren
cosas que dicen haber leído en el texto y uno les dice que
marquen en qué parte del texto están y... no están en el texto,
lo leyeron en los dibujos.
-¿Encontrás más dificultad para escribir que para ilustrar?
¿Cómo compaginás las dos vertientes de la creación?
-Ambas partes tienen complicaciones propias de cada una. Así
como el papel y la tijera (o las tintas, los lápices, cualquier
otra técnica) ofrecen resistencias que hay que vencer, también
la palabra es materia que se resiste. Creo que el placer de
la creación es doblegar esas materias. Además, como ilustrador,
juego mucho a desafiarme con el recorte de papel, me gusta
hacer hasta el último circulito ínfimo con papel, aquello
que el lector mira diciendo "noooo, eso no puede ser papel".
-¿Qué pensás de la producción de Literatura Infantil en
el mundo?
-A ver. Varias cosas me vienen en vorágine para decirte. Los
latinoamericanos estamos en un momento creativo que creo que
es muy bueno, con tanto impedimento económico que tenemos
hacemos volar mucho la imaginación y encontramos muchas veces
soluciones originalisímas, simples y baratas para problemas
que quizás un alemán o un escandinavo necesitarían un montón
de dinero en la imprenta para solucionar.
Por el lado de estos y otros países del primer mundo creo
que hay libros bellísimos y también muy creativos, pero hay
que rastrearlos más, con tanto a favor (dinero, producción,
derechos reconocidos) creo que se achanchan un poco.
También creo que a nuestro favor está una tradición histórica
muy joven en el campo de los libros para chicos. Eso hace
que estemos jugando mucho, como chicos, y las producciones
de los chicos bien se sabe que son más libres.
Creo que sobre todo los ilustradores europeos, con tanta historia
del arte sobre sus espaldas, se ven obligados a pensar más
lo que hacen. Acá somos más irresponsables. Bueno, qué se
yo, son dos culturas diferentes. Los impedimentos que encontramos
acá creo que nos desafían a investigar más... pero por supuesto
que lo ideal es trabajar en condiciones ideales, sin tanto
palo en el camino.
-¿Fuiste censurado alguna vez? ¿ Te censuras cuando vas
a abordar algún tema? ¿Tenés límites? ¿Escribís o ilustras
por encargo?
-No, censurado nunca. No sé si es censura cuando un editor
hace modificar algún dibujo porque se atribuye el poder de
saber que "esto los chicos no lo van a entender", que eso
pasa mucho, editores o directores de colección que piensan
que un chico no va a entender una figura próxima al cubismo,
cuando la criatura entiende el discurso del video clip, maneja
una computadora o entiende el inextricable Pokémon.
La autocensura es otra cosa. Uno trata de no autocensurarse,
pero no voy a ser hipócrita, uno vive de esto y quiere que
los libros se vendan, así que sé que es difícil imponer en
este mercado temas como el sexo, la violencia cruda y otros
tabúes. Cuando no quiero tener conflicto y entrar con más
facilidad en el camino de la imprenta los evito, qué querés
que te diga. Después tengo otros proyectos en donde soy totalmente
libre, que también presento siempre pero sé que son más difíciles
de ubicar y que quizás tengan que esperar años para encontrar
el editor que se anime.
Claro que ilustro y escribo por encargo, por lo mismo, yo
vivo de esto... pero que sea por encargo no significa que
haga cualquier porquería, soy muy exigente conmigo mismo y
me gusta que lo que salga publicado me guste, me represente
y pueda estar orgulloso de eso.
-¿Qué lees habitualmente?
-Un poco de todo. Tengo épocas. A veces me ataca leer novelas
y me trago varias de un saque. A veces poesía e ídem. El último
atracón me lo di con un poco de teoría. En estos días estoy
ávido de diarios. Otras veces me canso y no leo nada. De lo
que nunca me canso es de los libros de arte (en esto va plástica,
ilustración, diseño...), me gusta mirar mucho, estudio las
técnicas, veo las pinceladas, los gestos que supo crear el
artista, me gusta perderme en esos mundos.
-Ultimamente te estás dedicando a la crítica, ejercés el
periodismo ¿repercute tu mirada visual, artística en este
tipo de escritura?
-Uia... es la primera vez que me lo dicen así... ¿ejerzo el
periodismo?, no sé, hace años que escribo artículos pero la
asiduidad de ahora es nueva y nunca lo había pensado así.
Escribo sobre ilustración de libros para chicos en revistas
y lo hago desde mi mirada como artista, escribo mucho desde
mi experiencia, desde mi reflexión sobre mi propia producción.
Sí, la respuesta es sí.
-¿Cómo definirías tu estilo artístico? ¿Quiénes fueron
tus maestros?
-La gente cuando ve mis cosas dice que es muy cubista. A mí
me gusta eso. Tiene mucho de cubismo, pero también de expresionismo,
de naïf, de fauve... ahí está, no es casual, te estoy dando
todos nombres de movimientos artísticos de fines del siglo
XIX y principos del XX, y esa es una época que adoro, en donde
me siento cómodo, me hubiera encantado vivirla, si tuviera
la máquina del tiempo elegiría ir allí. Por otro lado, es
la época en que nacen los medios masivos de comunicación y
la ilustración de diarios y las historietas...
Maestros como alguien con quien aprendí no tuve, soy completamente
autodidacta. Pero sí hay artistas que me marcaron: en la pintura
Van Gogh, Kandinsky, Klimt, Matisse (de chiquito cuando por
cualquier razón de la vida cotidiana mi mamá me preguntaba
qué quería, yo le decía "un Matisse"); en la historieta Uderzo,
Morris, Schulz; en la ilustración de libros para chicos la
Pacovská y Ziraldo.
- 1988. La mesa, el burro y el
bastón, con textos de los Hnos. Grimm. (versión de Laura
Roldán), Colección Pajarito remendado. Ed. Colihue. Buenos
Aires, Argentina.
- 1994. Los pájaros de Joaquín,
con textos de María Rosa Mó. Ed. Del Cronopio Azul, Lanús,
Argentina.
- 1998. Amoríos, Caballito al viento,
De golpe, Palabras, (Colección "Fefa es así")
con textos de María Teresa Andruetto. Ed. Altea. Buenos
Aires, Argentina.
- 2000. Ideas claras de Julito
enamorado, textos propios, Grupo Editor Norma, Buenos
Aires, Argentina.
- 2001. Leyenda ugandesa, textos
propios, Ed. Tàndem, Valencia, España (en castellano y catalán),
Ed. Norma, Buenos Aires, Argentina.
- 2001. Federica aburrida,
textos propios, Ed. SM - El barco de vapor, col. Los piratas
del barco de vapor, Madrid, España.
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