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Por Leicia Gotlibowski
Hay autores geniales
por sus ideas. Otros geniales por su perfección en el uso
del lenguaje.
Hace unos años una amiga
comenzó la carrera de corrección literaria.
Peleábamos mucho. Me corregía frases en un poema. Y a mí no
me importaba tanto lo que los otros pudieran entender. -¡Me
gusta así! -le porfiaba. No me importa que no signifique nada.
Ella recién empezaba. Me proponía palabras que tenían otra
música. Otra cantidad de sílabas. Era muy enojoso, ¿o sería
enojadizo?, ¿engorroso?
Ella siguió aprendiendo. Me explicó muchas cosas y yo empecé
a darme cuenta de otras. Y que en poesía todo es relativo,
todavía lo pienso, pero también creo que es "ligeramente"
importante que otro pueda entender mi juego con las palabras.
Empecé a negociar. Ahora
mismo releo cosas que no puedo creer haber discutido. Es cierto.
No se entienden. Por lo menos no está claro lo que yo intentaba
que los demás entendieran.
Y los autores más renombrados negocian. Los profesionales
reconocidos. Los poetas... un poco menos tal vez.
Se hacen muchos tipos
de correcciones. Algunas veces solo se atiende lo primordial.
¿Acá qué quisiste decir? te preguntan. Y te sugieren
la corrección. Otras veces se corrige estilo.
Pero hay pautas básicas. Las concordancias verbales, las de
género y número. Las viudas y huérfanas en la edición. Las
convenciones editoriales. Las tipográficas. Las reglas ortográficas.
Al escribir en la computadora se hacen más visibles. Si hay
un espacio delante de la coma, del punto y coma, del punto,
etc., estos signos pueden separarse de la palabra y quedar
sueltos en el renglón de abajo. Estéticamente es muy
feo.
Muchos ilustradores arman
maquetas para enviar a concursos. Con textos propios o ajenos
se encuentran en la tarea de resolver estos acertijos a ciegas.
Son muchos rubros para abarcar. La ilustración, la composición,
la digitalización, la impresión, el armado de las maquetas,
el diseño gráfico y ahora también la tipografía, la ortografía,
y todos los etcéteras...
Quizás los jurados que evalúan la maqueta que reciben para
un concurso no tengan en cuenta errores de tipo ortográfico.
Pero es real que un buen proyecto mal expresado puede convertirse
en material desechable porque la idea principal no se entiende,
o porque la sutileza es excesiva.
Es sólo un quizás.
Muchos libros álbumes también
son poesía, donde todo puede valer. Donde un corrector puede
ser el menos indicado. Elegimos las letras por sonoridad como
elegimos los colores. No es esta la mayoría de los casos.
El tiempo que llevo en
el trabajo de diagramar libros probablemente me volvió más
obsesiva. Me tomo mi tiempo cada vez que escribo una carta
o redacto un presupuesto para expresarme del mejor modo; cuando
a veces recurro a mi "todavía amiga" correctora para
que les eche un vistazo antes de mandarlos. ¿Estará
bien decir mandarlos? ¿O es mandarla?, o ¿mandarlo? ¿Es "le"
eche o "les" eche?
Le voy a dar un trabajo extra: ajustar este texto. Cuando
lo lean va a estar corregido, al menos, para que se entienda.
Claro y firme. O FUERTE. ¿Qué quisiste decir con eso? -me
dirá-. -Es un poco densa la nota. (Densa por aburrida.)
¡Y bueno! -le voy a decir-. Es que creo que algún día, cuando
seamos editorial, vamos a tener un corrector a la mano y pautas
editoriales preestablecidas. Mientras tanto solo intento dar
un consejo. No rechacen de cuajo las opiniones de quien no
entiende un texto. Relean. Leanse en voz alta. Recurran a
correctores. Se aprende mucho.
A continuación describo
unos datos básicos que pueden ayudar al que quiera publicar
una nota en esta sección o esté armando un proyecto para enviar
a una editorial o a un concurso.
Buenos Aires, marzo
de 2005
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