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El contrapunto
en el libro ilustrado

Por Mónica Weiss


En música, en arquitectura, la noción de contrapunto es frecuentemente usada para analizar obras compuestas por diversas subestructuras, por diversos lenguajes.
En tal sentido, con su obligada conjunción entre texto e imagen, el libro ilustrado aparece como un caso claro de contrapunto.

Contrapunto
(del lat. Contrapunctus, de la frase punctus contra punctum, nota contra nota. El término apareció en los comienzos del s. XIV). m. Arte de combinar, según reglas establecidas, melodías diversas que deben ser ejecutadas simultáneamente. Cuando una melodía es así añadida a otra, es llamada CONTRAPUNTO de ésta. // Parte de la técnica musical. El canon y la fuga son las formas superiores del contrapunto. // En Chile, desafío o certámen poético entre dos payadores, que consiste en plantearse mutuamente cuestiones de difícil solución o en insultarse o picarse con sus propios versos.

Del Diccionario Enciclopédico UTHEA, México, 1953.

Hay libros maravillosos sin un solo dibujo.
Hay libros maravillosos sin una sola palabra.
Y en el medio, los libros donde conviven los dibujos y las palabras. Maravillosos o no, son la gran mayoría de los libros para niños.
Se trata de los libros ilustrados, esa categoría de libros única, genuina, producto de la combinación de dos lenguajes, de dos formas de relato: el literario y el plástico.

Verónica Uribe, en el 6° Congreso del CEDILIJ (V. Carlos Paz, 1999), citó a Perry Nodelman, quien señala que existe una tensión inherente al libro ilustrado que él denomina "el diferente ritmo de lectura de las imágenes y el texto. El texto nos impulsa hacia adelante, queremos avanzar, saber qué va a suceder, por lo que leemos cada página y queremos pasar a la próxima. Las imágenes, por el contrario, nos detienen, nos obligan a explorar la página, a descifrar, a relacionar."

De modo que el relato plástico también se puede leer.
Leer ilustraciones es un ejercicio intelectual complejo y profundo.
La lectura de imágenes de un libro presenta -al menos- dos formas "de entrada".
1. Irrupción: antes de leer la primera letra impresa, ya la imagen global se nos ha introducido sin pedir permiso, instalándonos en el clima general de la obra, definiéndonos su género.
2. Exploración: la imagen ahora es buscada. Con sus secretos, sus otros caminos, sus trampas, sus coincidencias y diferencias con el texto, cada página ilustrada se vuelve un mapa.

Los chicos son excelentes lectores de ilustraciones.
La clave para una buena lectura de imágenes parece ser el permiso que el lector se conceda en materia de apetito visual.
Contar con cierto tiempo y silencio, también ayuda.

A los escritores de libros infantiles se los limita ampliamente en la extensión de las oraciones y párrafos, y también en el uso de adjetivos y palabras "difíciles".
Y entonces la ilustración viene a suplir aquellas faltas, ya que con los dibujos se resuelve (como en las películas) la puesta en escena, el casting de actores con sus protagonistas, sus actores de carácter y sus extras, la dirección de actores, la escenografía, la fotografía, el vestuario, el clima (que casi equivale a la música de fondo), etc., etc., etc.
El cine, la historieta y el libro ilustrado, podrían conformar un subgrupo artístico caracterizado por la conjunción de varios lenguajes con preeminencia del literario y el visual. (Aunque en el caso del cine, la música juegue un papel tan incidente.) Los diferencia, entre otras cosas, la continuidad del movimiento, la velocidad y el dominio que sobre la misma ejerce el lector/espectador.
La continuidad del movimiento en el cine es absoluta, en la historieta se desacelera y en el libro ilustrado es claramente fragmentaria.
El libro ilustrado es como una película que -en cuestión visual- se detiene en las escenas más decisivas, y cuyo ritmo de avance depende también del lector.

Se podría definir al libro ilustrado como el producto del contrapunto entre el relato gráfico y el plástico.
Pero no siempre se trata de relatos.
En el álbum ilustrado, con sus generosos espacios y su considerable cantidad de hojas para desarrollar las ilustraciones, el artista suele apelar a una -fragmentada pero efectiva- narrativa visual.
En cambio, en los libros ilustrados de bolsillo, cada vez mas frecuentes en la producción editorial de nuestro país, al ilustrador se le suele ofrecer por cuento uno o dos espacios mas bien pequeños, casi viñetas, generalmente en blanco y negro. En ese caso, el artista abandona el camino narrativo para construír cada imagen como un cuadro: una unidad que se cierra en sí misma pues contiene en sí los elementos simbólicos mas definitorios del texto que ilustra.

Cuando los maestros y bibliotecarios buscan información que los ayude a encarar el uso de los libros en clase, o a recomendar como lectura para la casa, hay una referencia que se les suele instalar como base de su definición de cada libro, una sentencia que predispone su mirada para atender a ciertos aspectos y desatender a ciertos otros: la crítica literaria (incluyo en el paquete "crítica literaria" a las reseñas que las editoriales envían para promover sus libros, a los comentarios de las contratapas, de las solapas, etc.)
Y es en la crítica literaria de libros ilustrados donde la ilustración se vuelve fantasma: se habla casi exclusivamente del texto, o del autor del texto, o de las relaciones con otros textos o con otros escritores.

Y en las contadísimas ocasiones en que se hace referencia a la ilustración se señalan generalidades como "las coloridas ilustraciones acompañan muy bien al texto" o "el libro está bellamente adornado por los dibujos de tal ilustrador". La ilustración se intuye como lengua, pero una lengua ignota.

En ese sentido es que propongo hacer uso de la noción de contrapunto.
Como método de análisis nos obliga a discernir primero cuáles son los atributos que cada lenguaje aporta a la obra (éste es el paso más difícil para quienes se inician, pues al leer el libro ya han sido "víctimas" de la irrupción inicial de la imagen, irrupción que les tiñe la lectura del texto, y de la que no es tan fácil deshacerse), y luego a encontrar -a partir de las innumerables tensiones, complicidades, redundancias, choques, a partir de las variadísimas relaciones que se establezcan entre los dos lenguajes- una definición de esa obra.


He aquí algunos posibles ejemplos de contrapunto.

(El criterio de selección de las siguientes obras fue concientemente aleatorio. Tomé de las bibliotecas de mis hijos una buena pila de los libros ilustrados que por esos días (1999) leían con mayor frecuencia, excluyendo a los libros "raros", los libros-objeto, los libros traídos de países lejanos. Una condición importante para esta selección fue que se tratara de libros de presencia habitual en las bibliotecas escolares.)

Contrapunto de géneros:
"La escoba de la viuda" de Chris Van Allsburg, Fondo de Cultura Económica. "Franz se mete en problemas de amor" de Christine Nöstingler y Erhard Dietl, Ed. Norma.

Los personajes terroríficos de ojos alucinados que habitan "La escoba de la viuda", la oscuridad, la sordidez de esos bosques helados, contrastan con el relato de "comedia" acerca de una vieja pícara que logra salirse con la suya. A su vez, la tragedia, la sucesión de terribles acontecimientos en los que se vé envuelto Franz (casi se lo llevan preso por robar en un supermercado para una chica que lo presiona y lo cela, una chica malísima de la que está enamorado) se atenúan reparadoramente gracias a unas ilustraciones absolutamente candorosas que indican de antemano que nada demasiado grave va a pasar. Cabe preguntarse qué pasaría con esos dos grandes libros si se invirtieran las relaciones, es decir, si la pícara viuda estuviera ilustrada como comedia, o si el atormentado Franz como tragedia terrorífica.

Contrapunto territorial (o quién ilustra a quién):
Colección "¿Dónde está WALLY?", de Martin Handford, Grupo Zeta. "La sueñera" de Ana María Shúa y Ana Luisa Stok, Alfaguara.

Los complejísimos dibujos de Wally, intrincados como filigranas árabes, obviamente bien documentados desde el punto de vista histórico/cultural sumados a una fuerte dosis de humor, con sus miles de escenas simultáneas vuelven a cada doble página un capítulo específico (casi una novela), y sólo unos pequeños cartelitos en el costado superior izquierdo de las mismas "ilustran" un poco más sobre la época. Es interesante ver qué nueva tensión propone la lista de verificación al final del libro, y la búsqueda dentro del dibujo.
La colorida, desenfadada, polisémica prosa de Ana María Shúa no necesita de proezas visuales, lleva la imagen en sí misma. Las ilustraciones de Ana Luisa Stok no "explican" lo que sucede en el texto, más bien es el texto el que nos confirma lo que las ilustraciones sólo sugieren.

Contrapunto entre los lados opuestos del cerebro:
"Vida de perros", de Isol, Fondo de Cultura Económica. "Alicia a través del espejo", de Lewis Carroll y John Tenniel, Alianza Ed.

En el texto del libro de Isol la racionalidad oral del niño llega a extremos casi adultos (¡el perro hasta se llama Clovis!) y también su madre le habla con total corrección castellana. Parece que todo lo relacionado con la intuición, que en el caso de este niño llega a niveles de absoluto desborde, se muestra exclusivamente a través de la potente, cómica y vertiginosa ilustración. Por el contrario, en "Alicia" es el texto el que se permite los paseos más audaces por la fantasía y la lógica llevada al absurdo, mientras que a las ilustraciones de Tenniel les toca "explicar", volver "reales" esas invenciones de Carroll. (Recordemos, asimismo, que Carroll, para escribir, primero dibujaba y luego relataba lo que el dibujo le sugería.)

Cabe señalar que en los ejemplos citados se ha analizado sólo un criterio de contrapunto. Es recomendable analizar en cada libro los contrapuntos que se establecen en los distintos planos del mismo.

Hemos hablado del libro ilustrado, de la lectura de imágenes, de su relación con el cine y la historieta. De los niños lectores y los maestros y bibliotecarios y críticos, y de lo curioso que resulta el que las ilustraciones, siendo representaciones del universo de lo visible, parezcan transformarse en fantasmas invisibles a la hora de explicar un libro, de contarlo, de promoverlo.
Ojalá el contrapunto, como herramienta, vuelva al análisis del libro ilustrado mas acertado, mas justo y mas jugoso.

Buenos Aires, agosto 2002

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